Ucrania entra en su tercer año de guerra con miedo al olvido y dificultades en su lucha contra la invasión rusaIcíar Gutiérrez, Irene Castroel febrero 23, 2024 a las 9:23 pm

El 24 de febrero de 2022, a medida que los primeros tanques rusos cruzaban la frontera con Ucrania, la vida de millones de personas se partía, para siempre, en dos: antes y después de la invasión a gran escala ordenada por Vladímir Putin. Más de 700 días después, su realidad sigue siendo vivir bajo la constante amenaza de bombardeos y por todas partes hay historias de lo que han perdido desde entonces. Kiev se adentra ahora en un tercer año de lucha difícil, con la moral más debilitada, tropas cansadas, incertidumbre sobre el apoyo occidental y reveses en el campo de batalla, donde Moscú tiene la ventaja y marca el ritmo de la guerra. La paz no se vislumbra por ningún lado.

El ambiente en el país es diferente al de hace un año. Atrás queda la euforia por los éxitos cosechados en el frente en 2022, cuando las fuerzas armadas ucranianas liberaron la región de Járkov y luego recuperaron Jersón. Antes, durante las primeras semanas de la invasión, el mismo Ejército al que muchos daban por derrotado en pocos días se presentó al mundo como David contra Goliat al cortar el paso a las tropas rusas que intentaban avanzar hacia la capital.

En esos primeros meses, casi todos los sectores de la sociedad se unieron. “Nunca había visto tanta unidad entre la gente. Es muy emocionante”, dice Oksana Sliepova, una psicóloga que vive en Kiev. Actualmente, atiende a niños traumatizados por los ataques, trabaja como voluntaria en un hospital regional infantil y, con la ayuda de amigos extranjeros, saca adelante varios proyectos, entre ellos uno de cocina, con el que crean platos con los colores de la bandera ucraniana, amarillo y azul. 

Dos años después de levantarse sobresaltada por los primeros bombardeos, Sliepova reconoce que el cansancio hace mella. “Casi todas las noches hay ataques, no dormimos mucho. Todos estamos muy cansados física y psicológicamente. Los niños tienen que estudiar en los sótanos. Todos los días recibimos noticias de muertes y llegan malas noticias del frente: todo esto es muy agotador para todos”, dice. “Sabemos que estamos haciendo todo lo posible para ganar. El mundo intenta ‘cerrar los ojos’, el apoyo es escaso y muy lento”. 

Muchos ucranianos reciben este segundo aniversario con inquietud por lo que les deparará el futuro y por la posibilidad de quedarse solos. “Cada vez hay más gente pesimista, molesta –especialmente con el apoyo occidental–, que espera que la guerra sea larga y que está preparada para acuerdos difíciles”, explica a elDiario.es Anton Grushetskyi, director del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS), una de las instituciones que están tomando la temperatura al estado de ánimo de la población durante la guerra. Esta tendencia negativa tiene que ver sobre todo con las “expectativas incumplidas”. 

“Los ucranianos temen de verdad que Occidente se olvide de la guerra”, dice Grushetskyi. Menciona un dato: según sus encuestas, en octubre de 2023, el 30% creía que Occidente estaba cansado de Ucrania. “Ahora estamos haciendo una encuesta con la misma pregunta y la cifra es aún mayor”, indica. Inna Volosevych, subdirectora de la agencia de investigación Info Sapiens, explica que hay «una enorme decepción con Estados Unidos y Polonia, mientras que el apoyo a la Unión Europea ha aumentado”. Olena Halushka, cofundadora del Centro Internacional para la Victoria de Ucrania, es tajante: “El año pasado los rusos pretendían cortar la electricidad y quebrar nuestra moral con apagones, pero fracasaron. Este año apuestan por cortar la ayuda occidental y eso parece poco esperanzador a la luz de los actuales retrasos de la ayuda estadounidense”. 

Para Zelenski ha sido cada vez más difícil mantener la atención del mundo, que considera clave para apuntalar el apoyo extranjero. En octubre, el inicio de la mortífera ofensiva israelí sobre Gaza eclipsó la guerra de Ucrania y puso a Kiev entre la espada y la pared. «Está claro que la guerra en Oriente Próximo está apartando el foco» de la invasión rusa, reconoció entonces el presidente ucraniano, que se alineó con la dura postura pro-Israel de EEUU, lo que puede complicar su búsqueda de alianzas en la región. 

Mientras la apuesta del Kremlin es convertir la guerra en una carrera de fondo, el frente principal de la guerra ahora es político. Kiev sabe que no puede cambiar el rumbo de la guerra sin el respaldo internacional y se centra en convencer con discursos cada vez más sombríos a sus socios occidentales de que envíen más armas y paquetes de defensa aérea, en particular armamento de mayor alcance. “Por favor, no pregunten a Ucrania cuándo terminará la guerra. Pregúntense: ¿por qué Putin sigue siendo capaz de continuarla?”, dijo Zelenski la semana pasada. «Si Ucrania se queda sola, Rusia nos destruirá”.

“Ayudaremos a Ucrania el tiempo que haga falta”. Es el mensaje que desde hace dos años repite la UE. Pero lo cierto es que esa ayuda, que cifra en 88.000 millones de euros, se ha ido poniendo cuesta arriba en los últimos tiempos, especialmente por el bloqueo de Hungría a todas las medidas que requieren de la unanimidad –como las sanciones o el envío masivo de ayuda financiera y militar– como forma de chantaje a la UE. El cambio en Eslovaquia y el posible Gobierno del ultra Geert Wilders en Holanda son una potencial amenaza que no esconden en Bruselas. 

Por el momento, Viktor Orbán es el principal obstáculo en el continente, pero casi mayor es la preocupación por el torpedeo de los congresistas republicanos de Estados Unidos a la aprobación de un enorme paquete de asistencia militar y, sobre todo, por lo que pueda pasar si Donald Trump vuelve a la Casa Blanca dado que el aspirante republicano, que ha criticado el apoyo multimillonario a Kiev y ha insistido en que, si repite como presidente, pondrá fin a la guerra en 24 horas sin detallar los términos de un acuerdo que, para los aliados, supondría la rendición de los ucranianos ante la invasión.  

“Europa no puede reemplazar a Estados Unidos”, admitió el alto representante, Josep Borrell, sobre el bloqueo en Washington. Ante esa situación, la UE se ha conjurado para aumentar sus capacidades militares y algunos países, especialmente Alemania, están empujando para que la ayuda bilateral de los 27 a Ucrania se incremente ante la disparidad dentro del continente. Borrell ha apremiado a los estados miembros a incrementar el envío de munición. “No hacer nada no es una opción”, expresó este jueves en una carta enviada a los gobiernos adelantada por El País. También la OTAN busca fórmulas para ampliar sus garantías hacia Ucrania sin llegar a introducirlo en su paraguas de seguridad, que por ahora es imposible. Esa ayuda llega en forma de munición, misiles, drones o tanques de los aliados y la OTAN pretende impulsar un centro de entrenamiento para militares ucranianos. 

Lo que subyace en la preocupación de los aliados es que la contraofensiva del pasado verano no fue como se había previsto, a lo que se suman los cambios de Zelenski en la cúpula militar, con el temor a que el conflicto se cronifique y vaya desgastando no solo a Kiev sino también a los socios. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, un think tank de Washington, la UE y sus Estados miembros han puesto a disposición de Ucrania 148.500 millones de dólares desde el inicio de la invasión en 2022, mientras que EEUU ha destinado 113.000 millones de dólares, de los cuales más de 75.000 millones se asignaron directamente a Kiev para ayuda humanitaria, financiera y militar –los otros 38.000 millones fueron asistencia de seguridad que el Gobierno de Biden gastó en gran medida en EEUU y en empresas o personal estadounidenses–.

Pero si la UE tiene un enemigo es Putin –salvo para el ultraderechista Orbán– y los gestos hacia Ucrania son constantes. Por eso fue tan importante para Ucrania y para los líderes de los 27 que se abrieran las negociaciones de adhesión, aunque fuera en diferido y bastante simbólico dado que el proceso se puede demorar lustros. El siguiente hito es que Kiev cumpla las condiciones que le quedaban pendientes para que el Consejo Europeo dé formalmente el mandato negociador. En diciembre se marcó en rojo el Consejo Europeo del próximo 20 de marzo, pero ahora la presidenta de la Comisión Europea lo ha enfriado y ha apuntado al verano: «Todavía estamos trabajando en el marco de negociación. Mi mejor estimación es que no estará listo antes de las elecciones europeas». El retraso ha caído como un jarro de agua fría en Kiev. 

Hace pocos días llegó del frente lo que se interpreta como una señal del impacto de los retrasos en la ayuda occidental, concretamente en munición de artillería: Rusia ha logrado su mayor victoria desde la toma de Bajmut con la retirada aparentemente caótica de Ucrania de la fortificada ciudad de Avdivka, próxima a la ciudad de Donetsk, donde las tropas de Kiev resistían en inferioridad numérica y material. “Es un éxito absoluto”, dijo Putin. “La caída de Avdivka es un catalizador importante que ha revelado debilidades en el mando ucraniano y en la adaptación táctica y operativa de las fuerzas rusas”, explica a este medio Marina Miron, investigadora en el departamento de Estudios de Guerra del King’s College Londres.

Las exhaustas tropas ucranianas desplegadas a lo largo del frente se quejan de la escasez de munición e intentan racionar el material. Ahora, Kiev se centra en atrincherarse para defenderse de los continuos ataques de Moscú, que intenta explotar la situación con varias ofensivas en marcha en áreas como Járkov y Lugansk (Kupiansk y Limán), en los alrededores de Avdivka y en Zaporiyia. Zelenski ha admitido que la situación “es extremadamente difícil” en varias partes de la línea del frente, donde las tropas rusas “han acumulado el máximo de reservas”.

“La situación en el campo de batalla es probablemente la más difícil para Ucrania desde la primavera de 2022. Avdivka en sí no tiene mucha importancia estratégica, pero junto a otras actividades rusas en múltiples áreas muestra que la iniciativa está de nuevo en manos de Rusia”, dice a elDiario.es Emil Kastehelmi, analista de inteligencia de fuentes abiertas y experto en historia militar. En la práctica, esto significa que Moscú puede dictar los focos de conflicto, y Ucrania se ve obligada a reaccionar. A su juicio, es probable que Kiev esté a la defensiva todo el año, ya que carece de recursos para llevar a cabo ofensivas decisivas, aunque puede haber contraataques localizados.

Antes de la toma rusa de Avdivka, el frente permanecía relativamente estático tras el fracaso de la contraofensiva lanzada por Kiev en verano pasado en varias partes del este y el sureste. La campaña, rodeada de expectativas que el tiempo demostró poco realistas, se topó con las extensas fortificaciones e intransitables campos de minas preparados por el Ejército ruso. A Ucrania le ha ido mejor en las aguas del mar Negro, donde se ha apuntado varios tantos: según sus fuerzas armadas, han dejado inutilizados el 33% de los buques de guerra de la flota rusa. 

Expertos destacados consideran que la guerra favorece este año Moscú porque tiene ventajas materiales, industriales y de mano de obra, pero esto no significa necesariamente que vaya a lograr progresos importantes este 2024. El avance del Ejército ruso ha sido hasta ahora lento y muy costoso, y aún no controla toda la zona del Donbás, al este.

“Es posible que veamos un número cada vez mayor de aldeas ucranianas caer en manos rusas en los próximos meses. Si los rusos no son capaces de lograr ni siquiera avances locales, el desgaste puede ser demasiado para que continúen las ofensivas en todas direcciones simultáneamente durante muchos meses”, dice Kastehelmi. “Las fuerzas rusas están avanzando en todas direcciones, buscando tomar aquellos pueblos donde la defensa sea débil. Aún no se trata de una operación ofensiva importante. Considero que los rusos están preparando el terreno para una. Su campaña aérea es un indicativo”, agrega Miron, que cree que las tropas de Moscú avanzarán hacia el oeste por su prevalencia en poder aéreo, artillería, drones y mano de obra.

Además de los problemas con la ayuda occidental, que complica la planificación a largo plazo, el nuevo jefe del Ejército ucraniano, Oleksandr Sirski, se enfrenta a la escasez de personal dispuesto y capaz de combatir. Los dirigentes del país están debatiendo cómo reponer las filas del Ejército, pero el proceso hasta que los nuevos reclutas lleguen al frente será largo. La necesidad de rotar a las tropas cansadas para sacarlas de los combates se topa con una creciente falta de mano de obra.

Una mayor movilización es impopular y un tema políticamente delicado. Como telón de fondo, la presión parece estar acentuando las diferencias entre quienes han tenido experiencias muy diferentes en los últimos dos años: los que sirven en el Ejército y los que tratan de vivir una vida normal lejos del frente. También existe la sensación de que, tras la unidad del primer año, la política ha regresado a los pasillos del poder, con los oponentes políticos de Zelenski elevando sus críticas y sagas como la polémica destitución del popular general Valeri Zaluzhni como jefe del Ejército.

Además de la larga duración de la guerra y los problemas con el suministro de armas, los ucranianos también están “perdiendo la fe” por los escándalos de corrupción, el cese de Zaluzhni o el bloqueo de la frontera con Polonia, explica Inna Volosevych, de Info Sapiens. Las encuestas reflejan una caída de la confianza de la población en Zelenski, pero esta sigue estando por encima del 50%, muy superior a los niveles previos a la invasión. Este año se deberían haber celebrado elecciones presidenciales, pero hay consenso sobre la idea de que ir a las urnas en estos momentos no es posible. 

Hay más fatiga y desilusión, pero al mismo tiempo los ucranianos no están dispuestos a rendirse y siguen teniendo la voluntad de continuar luchando. Olena Halushka explica que sigue confiando en que Kiev no será derrotada. “Se trata de una lucha existencial y no tenemos más remedio que ganarla si queremos sobrevivir”, dice a elDiario.es. Anton Grushetskyi explica que sus datos apuntan a que este es el pensamiento de la mayoría de los ucranianos. Según indica, en mayo pasado, el 78% tenían amigos, parientes o conocidos que habían muerto o resultado heridos. “Tales emociones son muy fuertes. Y no llevan a la idea de rendirse”, dice el experto. “Los ucranianos ya han experimentado tanto dolor y tantas pérdidas que ya no tienen miedo a nada. Esta guerra nos ha hecho muy fuertes moralmente. Nos enseñó a no tener miedo, y a actuar. Cuantos más bombardeos hay, más ayudamos y nos ofrecemos voluntarios”, opina Oksana Sliepova.

La ONU ha confirmado que más de 10.000 civiles han muerto y casi 20.000 han resultado heridos –aunque da por hecho que las cifras reales son mayores– y también ha detectado un aumento reciente de las víctimas por la intensificación de los ataques de las fuerzas rusas. El Comité Internacional de la Cruz Roja está intentando esclarecer el paradero de 23.000 personas de las cuales sus familiares no tienen noticias. Dos años después, los bombardeos siguen destrozando hospitales, colegios, viviendas y almacenes de ayuda humanitaria. Desde 2022, se ha documentado una letanía de violaciones del derecho internacional humanitario y crímenes de guerra en el país, perpetrados fundamentalmente por las fuerzas rusas.

La gente agota sus recursos y lucha por salir adelante. Más de 14 millones de personas necesitan algún tipo de asistencia humanitaria. Millones de ucranianos se enfrentan a problemas de salud mental derivados del trauma causado por la guerra. Al jefe de la ONU para los refugiados le preocupa que la guerra de Ucrania haya caído en el olvido. «Creo que la gran diferencia del año pasado a éste es que este año, esto ya no es noticia en el mundo», dijo Filippo Grandi en enero, cuando pidió nuevos fondos a los donantes internacionales. «De alguna manera hay una tendencia a acostumbrarse al sufrimiento ucraniano». Cuatro millones de personas siguen desplazadas dentro de Ucrania y cerca de seis millones continúan viviendo como refugiadas en países europeos. 

En Rusia, los dirigentes se muestran confiados. La economía no se ha derrumbado pese a las sanciones internacionales y su principal motor ahora es la guerra. Moscú ha aumentado su gasto en defensa, ha movilizado su industria y, según los expertos, también se está abasteciendo de armas de Corea del Norte e Irán. “Rusia tiene el momentum y ha avanzado en el campo de batalla. No quiere decir que lo haya conseguido ya o que vaya en la dirección correcta, pero obviamente da a Moscú la confianza de que, a largo plazo, estará en mejor posición para salir victoriosa de Ucrania”, dice a elDiario.es Anton Barbashin, director editorial de Riddle Russia. 

En su opinión, será clave lo que pase después de las elecciones de marzo, en las que el triunfo de Putin se da por descontado mientras emergen interrogantes sobre el futuro de la oposición tras la muerte de su crítico más prominente, Alexéi Navalni. “Puede que veamos otra ola de movilización tras las elecciones. Rusia está perdiendo una gran cantidad de hombres, por lo que otro avance mayor escala exigirá un número mucho mayor de reclutas”, señala Barbashin. 

La resolución diplomática no se atisba. Putin, sobre el que pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra, dejó claro en diciembre que la paz solo llegará cuando Moscú “alcance sus objetivos”, que siguen intactos y define como “la desnazificación de Ucrania, su desmilitarización y su estatus neutral”. Zelenski no ha abandonado el objetivo de recuperar los territorios perdidos, incluyendo Crimea. Rusia sigue ocupando cerca de un quinto del país. 

“Es imposible decir cuándo se negociará un alto el fuego, ya que ninguna de las partes lo está impulsando activamente por el momento. Rusia ha reunido grandes fuerzas y aún no ha logrado ninguno de sus objetivos políticos, pero es muy capaz de continuar así durante años. Ucrania no está dispuesta a perder sus territorios”, dice Emil Kastehelmi. A Miron, como al resto de voces expertas, le cuesta responder a cuánto puede durar la guerra. “Si el respaldo occidental se materializa oportunamente, lo cual es altamente improbable, la guerra se extendería. Sin embargo, no logro visualizar cómo las fuerzas armadas ucranianas podrían alcanzar los objetivos políticos establecidos por Zelenski”. Cree que «un escenario más verosímil» sería que los socios occidentales «ejerzan presión sobre el liderazgo político ucraniano para entablar negociaciones con sus homólogos rusos, ya que no podrían respaldar indefinidamente a Ucrania” y dice que, dado el actual estado del campo de batalla, es más probable que la posición negociadora de Rusia mejore si la guerra perdura. “Creo que habrá intentos para congelar el conflicto”, agrega.

Otros analistas como Michael Kofman, Rob Lee y Dara Massicot también colocan el balón en el tejado de Occidente. “Con el apoyo occidental, Ucrania puede regenerar su poder de combate y posiblemente retomar la ventaja en 2025”, dicen en un artículo reciente. “Por el contrario, sin ajustes importantes, o si el apoyo occidental flaquea, la vía actual entraña un alto riesgo de agotamiento con el tiempo y de que Ucrania se vea obligada a negociar con Moscú desde una posición de debilidad”.

Pese al cansancio, la mayoría de los ucranianos aún sigue siendo optimista sobre el futuro. En la última encuesta del KIIS, el 89% cree que Kiev ganará la guerra y el 73% afirma estar dispuesto a aguantar el tiempo que fuera necesario para ganar. «La mayoría sigue estando en contra de acceder a cualquiera de las exigencias de Putin», dice Inna Volosevych. Sin embargo, ahora son menos los que piensan que el país recuperará los territorios que Rusia ocupa desde 2022 –aunque esta cifra sigue cerca del 80%, según Info Sapiens–. 

En 2022, Putin no logró conquistar Kiev ni derrocar al Gobierno ucraniano en los primeros días de la guerra. «Abrió la boca como una pitón y pensó que éramos un conejito más. Pero no somos un conejito y resultó que no puede tragarnos”, dijo Zelenski en una entrevista con el Wall Street Journal. Mientras el país conmemora el segundo aniversario de la invasión, pocos temen ya que Rusia tome la capital, pero casi nadie duda de que 2024 será difícil.

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