Vox retrocede por primera vez y deja de contar en la comunidad donde condicionó el primer gobiernoDavid Noriegael junio 19, 2022 a las 8:38 pm

Vox no ha conseguido igualar a las encuestas ni aprovechar el tirón de una candidata aparentemente fuerte para ser decisivo en el próximo Gobierno de Andalucía. Con la mayoría absoluta del PP, el partido de extrema derecha pincha en su gran reto: influir en la Junta. Pero con estos datos, será también irrelevante en el Parlamento. Macarena Olona ha conseguido 14 escaños. Son dos más de los que obtuvo en las elecciones de 2018, pero se quedan lejos de la horquilla de entre 17 y 21 escaños que le daba el CIS y, a estas horas, se queda a tres puntos del 16% de votos que pronosticaba la media de los sondeos.

Además, ha conseguido 490.000 votos, lo que supone que pierde casi 400.000 papeletas respecto a las generales de 2019. Es la primera vez que el partido de extrema derecha pierde apoyos. Y lo hace en la comunidad autónoma en la que primero condicionó un Gobierno del Partido Popular, en 2018. Por aquellas fechas, apoyaron a Vox 395.000 personas.

Macarena Olona llegó a la campaña andaluza con polémica, después de empadronarse de forma irregular en Salobreña, y su figura se ha ido desinflando con el paso de los días. La extrema derecha fue decisiva en la formación de un Gobierno, por primera vez en la España democrática, en Andalucía en 2018, cuando facilitó que la coalición de PP y Ciudadanos llegase a San Telmo. Durante las últimas semanas, Vox ha repetido en cada ocasión que su apoyo a Juan Manuel Moreno Bonilla para quedarse al frente de la Junta le costaría su entrada en el Ejecutivo. «Si tan solo necesita un escaño o la abstención de Vox para ser presidente, no lo va a ser si Vox no está dentro del Gobierno, y no es una cuestión de cargos públicos, sino de que o estamos dentro o no cumple lo firmado», llegó a verbalizar Olona, en un intento por reeditar el pacto entre Vox y el PP en Castilla y León.

En el cierre de campaña, este viernes, el propio Santiago Abascal le mostró su “mano tendida” al PP. Pero, con el resultado del PP, que ha logrado la mayoría absoluta, el papel de los de Abascal en el Parlamento de Andalucía se diluye, si no es directamente irrelevante. Con estos números, a Moreno Bonilla ni siquiera le hace falta esa abstención que pronosticaba Olona. La candidata de la extrema derecha renunció a su escaño en el Congreso de los Diputados para presentarse a estas elecciones. «Hay que felicitar a Juan Manuel Moreno, pero sobre todo hay que felicitar a Andalucía. Dijimos durante la campaña, y hoy lo reitero viendo los resultados, que las elecciones que hemos celebrado en nuestra tierra tienen una evidente clave nacional», ha reconocido la candidata.

Olona llegó con la intención de ensanchar el electorado de Vox en Andalucía. Los resultados de este domingo en cuanto a número de votos son mejores que los que el partido obtuvo en 2018. Si aquel año consiguió 395.000 apoyos, esta jornada ha alcanzado los 490.000. Sin embargo, esta cifra queda muy lejos, por lo bajo, de la que la extrema derecha consiguió en las generales de 2019, cuando eligieron su papela en esta comunidad 869.000 personas. «Vox sigue creciendo», ha dicho Abascal, escudándose en los resultados de las últimas autonómicas, pero obviando a esas casi 400.000 personas que ha perdido desde las elecciones que permitieron a Pedro Sánchez llegar a la Moncloa.

Por provincias, los de Abascal suman un diputado en Granada, donde han conseguido dos en estas elecciones, y en Almería, la zona que mejor resultado les da, con tres escaños. Mantienen el de Huelva, Córdoba y Jaén y los dos que tenían en Sevilla, Cádiz y Málaga.

La candidata estrella de Vox ha ido perdiendo protagonismo en favor de Abascal. De hecho, su agenda ha sido más relajada que la del resto de candidatos, sobre todo la primera semana, cuando el partido suspendió varios de sus actos de campaña tras el primer debate electoral. En su despedida del Congreso de los Diputado, dijo que lo hacía de forma «irrevocable». La renuncia al acta no tendrá efecto hasta el 14 de julio, cuando se constituya el Parlamento andaluz, pero ya ha confirmado este domingo que no volverá.

«Yo os prometí, desde que Santiago Abascal me honró con el privilegio de liderar la candidatura a la presidencia de Andalucía, que mi entrega vosotros iba a ser absoluta, en cuerpo y alma, y eso es lo que voy a hacer. Eso es lo que voy a hacer, a eso me voy a dedicar cada día y te voy a querer Andalucía, cada día y cada noche, haciendo lo que mejor sabemos hacer: trabajar duramente con las manos limpias y arremangados, porque es lo que sabemos hacer para defender a los andaluces en el Parlamento andaluz», ha dicho en su comparecencia tras conocer los resultados.

Con este resultado, está por ver si la líder de Vox cumple su palabra y se queda en Salobreña para pilotar un grupo parlamentario prácticamente irrelevante o recupera los minutos de interpelación al Gobierno de Pedro Sánchez que tanta visibilidad le han dado en Madrid desde 2019.

Vox ha protagonizado en Andalucía una campaña electoral en clave nacional. Ni siquiera ha presentado un programa, que ha sido sustituido por un folleto con una decena de medidas, que en muchos casos trascienden de sus competencias, son generalidades o trascienden de sus competencias. Ha hecho bandera del recorte en las subvenciones a los agentes sociales que anunció su compañero de partido y vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, y aseguró que cerraría Canal Sur, la televisión pública andaluza, que está blindada por el Estatuto de Autonomía. También ha afirmado que derogaría lo que la extrema derecha llama “leyes ideológicas” y ha difundido bulos sobre el adoctrinamiento en los libros de texto.

Vox no ha tenido complejos en esta campaña a la hora de invitar a un acto, en el que estuvo presente también el presidente del partido, Santiago Abascal, a la presidenta y fundadora del partido neofascita italiano Fratelli d’Itallia, Giorgia Meloni. La italiana pronunció un exaltado discurso en que afirmaba que “no hay mediaciones posibles”. “Sí a la familia natural, no a los lobbis LGBT [sic], sí a la identidad sexual, no a la ideología de género, sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte, sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista, sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva, sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales, sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas”, jaleo ante los aplausos en pie y los besos que le lanzaba Olona.

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