Las superestrellas de la selección española brillan en Cibeles en una celebración a la altura del MundialGuillermo Hormigoen julio 20, 2026 a las 9:37 pm

Los jugadores de la selección levantan la copa del mundo en Cibeles.

Las calles de Madrid se llenan de hinchas de España, en torno a dos millones según fuentes oficiales, con una inolvidable rúa culminada con el ansiado y muy musical acto de la plantilla en Cibeles, al ritmo del éxito de Aitana y con emoción por quienes se han marchado entre la primera y la segunda estrella

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Son poco más de las 17.00 de la tarde en Moncloa. Es una de las primeras paradas de la rúa de la selección española, ya campeona del mundo, por las calles de Madrid. Todavía quedan horas para que el bus con los jugadores pase por aquí, después de cumplir con las obligaciones protocolarias en Zarzuela y Moncloa, pero la ilusión y los nervios cunden en la afición que ya se congrega con banderas y camisetas. “¡Están ahí!”, exclama un niño cuando lo que atraviesa la carretera es un autobús cubierto procedente de Lugo.

Una ilusión ciega, una confianza en unos jugadores que han demostrado que pueden aparecer en cualquier parte. ¿De dónde surgió el gol de Ferran? ¿De dónde salía Unai Simón en cada despeje salvador? Es lo que explica la extraordinaria jornada que se ha vivido este lunes 20 de julio en Madrid.

“Llevamos aquí desde las 11.00. No hemos dormido mucho y estamos pasando calor, pero les queremos ver en primera fila cuando pasen”, cuenta a Somos Madrid la madre de una de las familias más madrugadoras en llegar a Moncloa. Otra mujer empieza a tararear de la nada, anticipando lo que vendrá, el Superestrella de Aitana. Preparativos para que un día después de hacer historia, la historia en sí y los protagonistas de ella se hicieran presentes en las calles de la capital.


Hinchas madrugadores en Moncloa, esperando la rúa de la selección española desde primera hora de la tarde del lunes.

La espera ha sido tan larga como llevadera. El alrededor de dos millones de personas que se ha congregado en Madrid, según fuentes oficiales, ha amenizado la espera dejándose las gargantas con cualquier camión de basura que pasaba y haciendo sonar los cláxones con los buses de transporte público, como si dentro fueran Lamine Yamal, Rodri Hernández y compañía. Los niños que aguardaban la llegada de sus ídolos subidos a escaleras se envalentonaban cada vez que el público jaleaba a un taxi. Movían sus cabezas tratando de dar con el rostro de Mikel Oyazábal o el de Nico Williams, sin saber que todavía quedaban horas y aquel jaleo era fruto de aficionados con ganas de jarana.


Un niño con la camiseta de Lamine Yamal busca a sus ídolos en la calle Princesa de Madrid.

Porque los 26 autores de la proeza, junto al cuerpo técnico de Luis de la Fuente, se han hecho esperar hasta pasadas las 20.00 en las calles. Han iniciado entonces un lento recorrido desde la calle Princesa hasta Moncloa. Las aceras, las plazas y hasta las medianas a su paso han estado abarrotadas y bañadas de rojigualdo. Adolescentes, señoras mayores y hasta bebés de pocas semanas que por desgracia no podrán recordar esta proeza. También proliferan, por desgracia, cada vez más banderas con la cruz de Borgoña portadas por jóvenes (aunque también se ha podido ver alguna de Palestina y muchas de las distintas autonomías).

La enseña apropiada por la ultraderecha es una mancha en una fiesta que ha tenido su colofón en Cibeles, donde las actuaciones de Viva Suecia o Saiko han amenizado la espera entre cientos de miles de aficionados. Teloneros de una noche donde el streamer Ibai Llanos también se ha dejado caer para acompañar a la plantilla. Y donde no han faltado entre la afición congregada los dardos a la organización del Mundial y al presidente de FIFA, Gianni Infantino.


Pancarta que pide la dimisión del presidente de FIFA, Gianni Infantino, entre los seguidores congregados en Cibeles.

Finalmente, el equipo ha llegado a Cibeles pasadas las 22.00 para dejar una última actuación para el recuerdo. Parecía que lo dieron todo en la prórroga abre Argentina, pero les quedaba energía: a Pedro Porro para cantar por El Barrio, a Fabián para animar a Gavi a dejar sus pasos prohibidos con Bad Bunny de fondo y a Borja Iglesias para deleitar a la hinchada con un rap marca de la casa (y minutos después una sesión DJ). Nadie le quitaba el micrófono, como a España la pelota cuando juega al fútbol.


Los jugadores de la selección en la celebración en Cibeles.

O como a Lamine, nuestro bailaor, que lo ha demostrado una vez más sobre las tablas. Otras de las figuras que han aportado la nota musical han sido Lola Índigo, Ana Mena o Arde Bogotá. Eso sí, nadie ha desplegado tanto flow como Marc Cucurella. Además, doblemente: tanto al ritmo de la batería como entonando el ya mítico tema que rima su apellido con una de las cimas de la gastronmía española.


Los jugadores de la selección española en la celebración por la victoria en Madrid, con baile de Lamine Yamal.

Los más clásicos también han tenido sus guiños, ya que a Marcos Llorente y al seleccionador los han introducido canciones de Julio Iglesias, mientras que a Cubarsí Mi gran noche de Raphael (aunque lo suyo han sido ocho grandes partidazos). Y por supuesto ha sonado Un beso y una flor, de Nino Bravo, otro de los himnos oficiosos de los campeones del mundo durante su andadura en el torneo disputado en Estados Unidos, México y Canadá.


Los jugadores han manteado a Luis de la Fuente sobre el escenario.

También ha tenido su punto clásico la presentación de un Rodri que se ha dejado la voz en la celebración después de hacer lo propio con el alma sobre el campo: “¡Somos campeones del mundo, viva la madre que me parió, viva la madre que nos parió, viva el rey y viva España!”.

El punto emotivo lo ha traído otro rey, el de la emoción al límite. Mikel Merino que se ha presentado con la banda sonora de Danny Elfman para Alicia en el país de las maravillas, de Tim Burton. Una música asociada para siempre al gol de Iniesta en Sudáfrica. El que fue, hasta el de Ferrán, el gol de nuestras vidas. Ahora lo es de parte de ella.

Ha sido igualmente una jornada especial para Álex Baena, encargado de subir la Copa del Mundo al escenario ya que este 20 de julio ha cumplido 25 años. Poco después Víctor Muñoz ha aparecido con otra que ha arrojado al público. Esta, por fortuna, era de mentira.


Los campeones entregan la Copa del Mundo a Aitana, después de interpretar su tema 'Superestrella'.

La de verdad la ha levantado al cielo de Madrid Rodri después de un emotivo recuerdo a María Caamaño, la niña de 13 años que murió en abril por un sarcoma de Ewing y que seguía fielmente a la selección. De hecho, el equipo la subió al escenario cuando conquistaron la última Eurocopa. Antes, los presentadores del acto quisieron recordar a Manolo “El del Bombo”, incansable seguidor de La Roja, como otro símbolo de todas las personas que han muerto entre la consecución de la primera estrella y la segunda.

Por lo demás, el festejo ha destacado por una duración menor a la de otros hitos recientes y por dejar menos momentos para el recuerdo. Ha influido la falta de un maestro de ceremonias, como lo pudo ser Pepe Reina en el anterior Mundial o Álvaro Morata hace dos años. El público se ha quedado sin su ración de champiñones. Tampoco ha sido lo más acertado la manera de disponer al público, ya que el necesario espacio dedicado a familiares y allegados de los campeones frente al escenario ha ocupado amplias dimensiones. Con ello, los más fervientes aficionados (aquellos que han esperado desde primera hora) quedaban lejos de sus ídolos.

Pequeños lunares de un día tan inolvidable como la primera vez. Uno en el que el “campeones del mundo”, el “yo soy español” o “la segunda oe” han sido banda sonora de un pueblo alegre. Con permiso, claro, del temazo del torneo y del Mundial. No, no es la canción oficial de una Shakira que ha enviado un vídeo de felicitación a los jugadores. Esta vez el himno lo firma Aitana con su Superestrella, por mucho que ella misma la haya descrito como “un poco meme”. Claro que al título le falta el plural: ahora son dos sobre el pecho y 26 sobre el campo. O sobre el escenario.

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