Lo que para el PP es propio del «comunismo más bilioso del siglo XX», para la Comisión Europea es el camino para encarar una crisis energética sin precedentes, agravada por los cortes de gas por parte de Rusia como reacción al apoyo de la UE a la Ucrania invadida. Este miércoles la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, ha avanzado algunos datos de sus propuestas para afrontar el duro invierno en el debate del Estado de la Unión, en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo. Según Von der Leyen, la nueva tasa europeo sobre beneficios extraordinarios de las energéticas permitirá recaudar «140.000 millones de euros».
«Se nos está poniendo a prueba», ha dicho la presidenta de la Comisión Europea: «Es una guerra contra nuestra energía, nuestra economía, valores, nuestro futuro. Se trata de la autocracia contra la democracia, y estoy con la convicción de que con el valor y la solidaridad necesarios, Putin fracasará y Europa y Ucrania vencerán».
La propia presidenta de la Comisión Europea ha anunciado en el pleno que este miércoles viajará a Kiev para reunirse con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Será la segunda vez que viaje a Ucrania desde el inicio de la invasión rusa –la primera fue el 8 de abril–. Von der Leyen tiene previsto debatir con Zelenski sobre los avances en el mercado único europeo para Ucrania, tras anunciar la extensión del roaming a este país. En la grada, está la esposa del presidente, Olena Zelenska, con quien viajará desde Estrasburgo.
La presidenta de la Comisión había viajado a la capital ucraniana ya el pasado 8 de abril junto al alto representante de la Unión Europea para los Asuntos Exteriores, Josep Borrell, cuando se había cumplido un mes y medio del inicio de la invasión y el bloque comunitario acababa de aprobar el quinto paquete de sanciones a Moscú para vetar las compras de carbón ruso a partir del pasado mes de agosto.
Ahora, casi siete meses después del comienzo de la agresión, la situación sobre el terreno ha evolucionado y es el ejército ucraniano el que lidera la contraofensiva tanto en el este como en el sur del país.
Las propuestas aprobadas en el colegio de comisarios en un contexto de datos récord de inflación y sombras de recesión mientras el BCE arriesga asfixiar la economía con subidas de tipos sin precedentes, consisten, según ha ido circulando, en: que los países de la UE reduzcan su consumo medio de electricidad un 10% y que ese ahorro sea de al menos un 5% en horas punta; limitar los ingresos de las compañías eléctricas, fijando un tope en el mercado eléctrico de 180 euros el megavatio/hora para la generación de origen renovable, nuclear y con lignito –menos de los 200 euros que circularon en borradores hace una semana–; y fijar una tasa del 33% a los beneficios extraordinarios de compañías de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón y sector de la refinería), que están engordando gracias a los elevados precios del gas.
Eso sí, la Comisión Europea reconoce que necesita más tiempo para otras dos medidas para las que los ministros de Energía de la UE han pedido orientación: poner un tope al precio del gas y aumentar la liquidez de los mercados financieros de futuros de la energía.
A partir de aquí, se abre un periodo de negociación con los 27 para llegar a un acuerdo en la reunión extraordinaria de ministros de Energía convocada para el 30 de septiembre en Bruselas.
«Tenemos que acabar con la dependencia», ha dicho Von der Leyen en el Parlamento Europeo: «Estamos en el 83% de almacenamiento, pero no basta. Hay que diversificar, apartarnos de Rusia y buscar socios más fiables, como EEUU, Nigeria y Noruega. El año pasado, el gas ruso que llegaba a la UE suponía el 40%; hoy ha caído al 9%. Pero Rusia sigue manipulando nuestro mercado, prefieren quemar el gas en lugar de cumplir los contratos».
Según Von der Leyen, «este mercado no está funcionando. Ha dejado de funcionar. Además, la crisis climática tiene un precio en nuestras facturas, la sequía ha afectado a las plantas hidroeléctricas y es diez veces más cara la luz. Está generando ansiedad a millones de empresas y familias. Quiero que nuestra Unión tome ejemplo y reducir la demanda en horas punta para que el suministro dure más. Por esta razón, los Estados miembros están presentando medidas para reducir el consumo de electricidad Hace falta un apoyo específico para las pymes, y para quienes no pueden pagar las facturas, por eso proponemos un tope de los beneficios nunca imaginados. En estos momentos no está bien recibir beneficios de la guerra y que paguen el pato los consumidores. Los beneficios tienen que compartirse y canalizarse a los que más lo necesita. Por eso, nuestra propuesta incluye a los productores de combustibles fósiles, lo que supondrá 140.000 millones de euros para ayudas. Se trata de medidas de emergencia, temporales, incluyendo un tope a los precios del gas».
«Queremos que los precios del gas se mantengan bajos, garantizando los precios de la energía y la competencia. Pero si es demasiado cara, daña nuestra competitividad», dice Von der Leyen, quien ha reconocido que «el mercado del gas ha cambiado totalmente. Cada vez más hay gas licuado. Pero ese mercado no se ha adaptado, y queremos ir a un patrón más representativo para reflejar esos cambios. Y al mismo tiempo, las empresas energéticas tienen problemas de liquidez, por lo que vamos a trabajar con reguladores del mercado para limitar la volatilidad de precios cotidianos, enmendando el marco de ayudas estatales en octubre. No es fácil, pero son los primeros pasos».
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