Sánchez se da un festín en 'El hormiguero' a costa de Pablo Motos
Llegó el momento decisivo de la campaña. El soldado Sánchez se internaba en la selva vietnamita con miedo de verse las caras con el temido Vietcong, las "terminales mediáticas" de las que ha hablado en varias entrevistas. Ya había sufrido el intenso fuego cruzado de Carlos Alsina en Onda Cero y había salido de la emboscada como buenamente había podido. A la defensiva y sin sonar muy enérgico en las preguntas más delicadas. Era la noche de la entrevista en 'El hormiguero' con Pablo Motos en el papel de enemigo despiadado.
Noooo. No fue para tanto. Es más, fue al contrario. Si entendemos estas entrevistas en periodo preelectoral como una especie de duelo, se puede decir que Pedro Sánchez se comió a Pablo Motos en la noche del martes. La victoria tampoco tiene que significar mucho. Las entrevistas a políticos en radio y televisión requieren de una experiencia muy concreta, que ni siquiera está al alcance de todos los periodistas, y de una preparación previa muy concienzuda para extraer de la hemeroteca todo lo que pueda hacer daño o simplemente sorprender al invitado.
Motos no tiene esa experiencia porque su programa va de otra cosa, y eso es lo que le ha convertido en un ejemplo de gran éxito televisivo. Y está más tranquilo que durante la pandemia, cuando se lanzó a algunos alegatos exagerados.
Sánchez pudo incrustar en la mente de los telespectadores todos los mensajes que traía preparados, que por lo demás ya hemos escuchado en otras entrevistas. No sabemos qué come y bebe en las campañas electorales. Sólo podemos confiar en que sean productos legales. Como en 'Cuando Harry encontró a Sally', alguien en el público debería haber dicho después: yo quiero lo que ha pedido ese señor.
Habló, habló y habló, mientras Motos sudaba pensando en que se iba a quedar fuera la mitad del cuestionario. Una vez que le dio una buena réplica, Sánchez siguió a lo suyo. Le había preguntado sobre si votaría en una investidura a favor de Alberto Núñez Feijóo para que no tenga que pactar con Vox. "Voy a ganar las elecciones", respondió de forma previsible. "No se lo habrá dicho Tezanos", saltó al quite Motos refiriéndose al presidente del CIS. Pero dio igual porque Sánchez continuó con su discurso y ni se paró para encajar el golpe.
Lógicamente, Motos le recordó sus críticas a algunos programas de radio y televisión por estar sesgados a favor de la derecha. Cuando dijo que eso incluía a programas de entretenimiento, Motos se tenía que dar por aludido. Sánchez se limitó a decir que no iba a "señalar" a ningún programa, una respuesta evasiva pero que le sirve. Ya ha lanzado la piedra y no necesita comprobar si alguien se la ha llevado en toda la frente.
En los primeros minutos, el presentador sí atizó con dureza con la convocatoria electoral en pleno julio "cuando doce millones de españoles estarán fuera de sus hogares". Y luego el rejonazo: "¿Cree que eso puede cambiar el resultado electoral?". Sanchez lo negó sin aspavientos. Lo cierto es que quien tiene un problema de movilización del electorado es la izquierda, no la derecha, y el voto por correo funciona para estas cosas.
Motos sacó un fragmento de su programa en el que uno de sus colaboradores, Juan del Val, perdió la cabeza y dijo que convocar elecciones en julio "era un fraude". Sacar el vídeo de ese momento delirante benefició a Sánchez, que respondió que eso es una acusación "muy grave" que se debería demostrar. Ahí se puso estupendo y dijo que las opiniones son libres, pero hay que respetar los hechos, y ante eso Motos poco podía decir.
Está previsto que la próxima semana Sánchez acuda al programa de Ana Rosa Quintana. Allí sí que tendrá que acudir con chaleco antibalas, porque la presentadora de Telecinco está muy atacada. "Pero qué coño de derecha mediática", dijo el martes. Sánchez tiene varios días para practicar el gesto de seductor y la energía de campaña, porque la va a necesitar.