Moreno se enfrenta a una investidura inviable si no pacta con Vox tras perder la mayoría absolutaDaniel Celaen mayo 17, 2026 a las 10:49 pm

Moreno se enfrenta a una investidura inviable si no pacta con Vox tras perder la mayoría absoluta

Adelante Andalucía, el partido andalucista y anticapitalista fundado por Teresa Rodríguez, logra movilizar el voto de izquierdas por primera vez desde que el PP gobierna, dejando a Moreno a dos escaños de la mayoría absoluta. El PSOE perfora su suelo electoral, Vox será clave con solo un diputado más y la coalición de Maíllo salva sus cinco escaños pero retrocede en votos

MAPA – Los resultados de las elecciones en Andalucía 2026, municipio a municipio

Andalucía ha cerrado este domingo el ciclo electoral que arrancó el pasado diciembre metiéndose de cabeza en el “lío” en el que ya están Extremadura, Aragón y Castilla y León, territorios donde el PP preserva su hegemonía, pero está abocado a pactar con Vox para gobernar.

“El lío” es el sintagma que Juan Manuel Moreno inventó para afrontar sus cuartas elecciones andaluzas, invocando el voto útil para reeditar una mayoría absoluta que diera “estabilidad” a la próxima legislatura. No lo ha logrado por dos escaños.

“Nos hemos quedado muy cerquita”, se lamentó a las puertas de la sede del PP andaluz, en la calle San Fernando de Sevilla, donde docenas de militantes le rodeaban, con caras largas, para celebrar el mejor resultado del partido en toda su historia, y el más agridulce.

El golpe le ha venido del rival más inesperado y el más pequeño. Adelante Andalucía, el partido andalucista, anticapitalista y soberanista que fundó Teresa Rodríguez tras salirse de Podemos, ha pegado una patada al tablero político, logrando movilizar significativamente el espacio de la izquierda por primera vez desde que gobierna el PP (2018).

Un partido que ha pasado de dos diputados a ocho, de tener representación en dos provincias a meterse en seis, que ha conseguido sorpasar a la coalición de siete partidos de Por Andalucía (IU, Sumar, Podemos, etc), pero también a Vox en dos provincias clave, Sevilla y Cádiz.

Los grandes damnificados de la noche son los partidos que conforman el Gobierno de Pedro Sánchez, que se ha volcado en esta campaña más que en las tres anteriores. El PSOE de María Jesús Montero ha perforado su suelo electoral en una comunidad donde gobernó 37 años consecutivos, pasando de 30 a 28 diputados [de 24 a 22,7%], aunque recupera votantes en unas elecciones andaluzas por primera vez desde 2018 (59.000 más).

Los socialistas imploraron por más participación y más movilización de izquierdas, y las ha tenido, pero le han pasado de largo. A diferencia de 2022, estos comicios constatan que hay un electorado progresista en ebullición, pero en busca de una nueva identidad política, que en este momento ni la representa el PSOE andaluz ni Izquierda Unida, fuerza motriz de la coalición Por Andalucía.

“Nos hemos quedado muy cerquita”

Juanma Moreno se marcó tres objetivos en estas elecciones: consolidar al PP como la fuerza más votada en Andalucía, ganar en las ocho provincias y, por encima de todo, renovar la mayoría absoluta para gobernar otros cuatro años sin las ataduras que la ultraderecha ha impuesto a sus compañeros de partido en las otras tres comunidades. Dos de tres.

Ha perdido cinco diputados [de 58 a 54] y se ha quedado a dos escaños de la mayoría absoluta [55], pese a obtener 150.000 votos más que en las elecciones de 2022.

El equipo del presidente andaluz siguió la noche electoral desde la sede del PP-A y, al principio, le costó digerir una victoria incontestable que hace cuatro años habrían celebrado con fuegos artificiales. Al 98% del escrutinio, el silencio se había adueñado de la sede y las caras eran de funeral.

La escena recordaba mucho a aquella victoria amarga de Javier Arenas, en 2012, cuando el PP venció por primera vez en Andalucía al todopoderoso PSOE, pero su coalición con los comunistas le impidió gobernar.

Entonces, los populares andaluces tuvieron que esconder la enorme pancarta de victoria que tenían preparada para desplegar sobre la fachada de su sede: “Mayoría relativa, fracaso absoluto”, tituló en portada el ABC, su diario de referencia. Esta vez el mural sí se ha desplegado: “Gracias Andalucía”.

Tuvo que bajar Moreno las escalinatas de la sede y salir a la calle -donde se montó un atril con un micrófono- para que él mismo le recordase a los simpatizantes del PP andaluz de dónde vienen. “Este resultado era impensable hace sólo siete años, cuando empezamos este proceso de reforma en el PP-A”, les dijo. Sonó la canción que el candidato lleva cantando toda la campaña (Kilómetro Sur) y la militancia se puso a bailar y a gritar “presidente, presidente”.

Los andaluces han refrendado mayoritariamente la gestión de Moreno, sin apenas desgaste tras casi ocho años de gobierno, y con la mayor participación de todas las elecciones a las que se ha presentado (64,79% con el 98% escrutado). Ni el deterioro de la sanidad pública, ni las listas de espera, ni la crisis de los cribados de cáncer, ni la “privatización” de la FP o la universidad que denunciaba la oposición, ni la corrupción que investiga la Justicia en el PP de Almería (donde crecen en 10.000 votos) le han pasado factura.

El PP demuestra una fidelidad de votantes a prueba de balas, de hecho, es el segundo partido -después de Adelante- que más ha movilizado el voto, mejorando su techo electoral, esos 1,5 millones que han conseguido en las últimas cinco elecciones en Andalucía.

La pérdida de cinco diputados, de los 58 que tenía, se debe a que esta vez no se ha repetido la carambola de 2022 que les permitió quedarse con los restos de votos en cinco de las ocho provincias, y ser el gran beneficiado de la Ley d’Hont (“a veces nos beneficia y otras nos perjudica”). Lo que ha frustrado la mayoría absoluta de Moreno ha sido la movilización en el espacio de la izquierda, la participación casi nueve puntos por encima de la de 2022 (56,1%) y el espectacular resultado de Adelante Andalucía, que casi triplica su número de votantes (401.717; hasta el 9,6%) y cuadruplica el número de escaños (de dos a ocho).

El partido que hoy pilota José Ignacio García, alias “El Gafas”, ha encontrado la fórmula para reactivar al voto abstencionista de la izquierda, algo a lo que aspiraba el PSOE y la coalición Por Andalucía.

Con una campaña fresca, un lenguaje muy digerible, mensajes cortos y bien empaquetados, un discurso alegre (dejando atrás la altura moral y las broncas de la izquierda más purista), Adelante Andalucía ha crecido en dos direcciones: Uno, invocando el voto “de cabreo” de los jóvenes que, desde una posición desideologizada, pueden transitar de Vox a una formación de izquierdas en el extremo opuesto del tablero.

Y dos, impugnando tanto a las derechas como a los partidos que conforman el Gobierno de Sánchez por sus “contradicciones” entre lo que dicen y lo que hacen. Este último era un espacio que dejaron vacío los partidos alineados con Sumar, incluso Podemos, tras integrarse a última hora en la coalición que encabeza Antonio Maíllo, coordinador federal de IU.

Teresa Rodríguez, que se apartó de la política para volver a dar clases en su instituto, había roto con IU, había roto con Podemos y rompió con la primera Adelante Andalucía, que en 2022 era una coalición con esas mismas fuerzas fundadoras. El desgaste de los socialistas y los comunistas, muy sacudidos en el Gobierno de España, ha permitido a Adelante erigirse como una alternativa real, como “una izquierda nueva”, como una marca que nace del territorio y no responde a jefaturas en Madrid, aunque sus principios fundacionales son los de Anticapitalistas.

Pero en el éxito de Adelante Andalucía también tiene algo que ver el trato privilegiado que le ha dado Juanma Moreno en esta legislatura. El presidente de la Junta ha reconocido públicamente la “autonomía política” de esta formación, aunque más que un elogio era un dardo indirecto a PSOE y Por Andalucía, a los que siempre ha despreciado como “una sucursal del sanchismo en Andalucía”.

El PP empezó la legislatura dopando política y económicamente al grupo mixto de la Cámara: rehizo el reparto de subvenciones parlamentarias para que tuvieran más recursos y poder funcionar con sólo dos diputados; y les cedió el voto de sus 58 diputados para aprobarles una proposición de ley (la gratuidad de las gafas para los menores de edad) que llegaría al Congreso de los Diputados, condicionando la agenda del Ministerio de Sanidad.

Sin embargo, Moreno ha terminado la legislatura percatándose de que esa estrategia de alimentar al pequeño para dividir el voto de las izquierdas y recoger el fruto de la Ley d’Hondt se le fue de las manos, terminó contribuyendo a inflar la imagen de Adelante, que llegó disparado en las últimas encuestas de intención de voto y anunciando un sorpaso que nadie se creía. “Adelante nos puede hacer daño en varias provincias”, mascullaba ya el entorno del presidente en los últimos dos días de campaña.

La víctima colateral de ese ascenso de Adelante ha sido la coalición de Maíllo, que aspiraba a diez escaños y se ha quedado con los que tenía. La candidatura de la unidad de izquierdas ha salvado los muebles, pero se ve desplazada por una marca soberanista más en la estela de la coalición que busca el líder de ERC, Gabriel Rufián. El fracaso de Por Andalucía, que recibió el menosprecio de Pablo Iglesias desde el minuto uno, probablemente despertará la placa tectónica de los partidos que orbitan en torno a Sumar en España, aún sin candidato ni referente claro para las generales.

La renovación pendiente del PSOE

El PSOE se ha volcado en agitar la movilización, convencido de que una participación similar a la de las generales de 2023 (66%) les devolvería los 580.000 votantes que perdieron en las andaluzas de 2022. Pero no ha sido así. Quien ha capitalizado la pulsión de cambio en el espacio de la izquierda ha sido un partido que hace siete años no existía.

Montero dibujó estos comicios como un “referéndum por la salud” y ha centrado su campaña en percutir sobre esa idea. La sanidad es el primer problema para los andaluces, según el CIS y el Centra (encuesta financiada por la Junta), pero ese problema no ha cristalizado en una conflictividad social que haga mella en el Gobierno de Moreno. El PSOE, fuerza hegemónica en Andalucía durante 37 años, ha perdido la capacidad de leer e interpretar los cambios en la sociedad andaluza.

Hay factores que jugaron un papel determinante en la mayoría absoluta de Moreno hace cuatro años que no se han repetido en esta campaña y, sin embargo, eso no le ha servido al PSOE para recuperar la confianza y la credibilidad ante los andaluces. Los socialistas no han agitado el miedo a que Vox entrase en el Gobierno andaluz, algo que en 2022 rentabilizó más el PP.

Los socialistas no han entrado en campaña divididos y arrastrando cuitas internas, como ocurrió entonces, y han apostado por una candidata con un nivel de conocimiento altísimo: la exvicepresidenta primera del Gobierno y exministra de Hacienda.

Pero han vuelto a tropezar en el error de cuestionar a su líder en mitad de legislatura: el mandato anterior lo empezaron con Susana Díaz, la última presidenta socialista de la Junta, y lo terminaron con Juan Espadas, que le ganó unas primarias orquestadas desde la dirección federal. En esta legislatura, Espadas lideró al PSOE andaluz tres años y en el último dio un paso al lado, a petición de Ferraz, para ceder el puesto a Montero.

En ese momento su designación se leyó por todos como un éxito: “Hemos apostado por la mejor que teníamos”. Así se evitó una guerra civil en el socialismo andaluz, cuando la agrupación de Jaén -con ayuda del exsecretario de Organización, Santos Cerdán, empezó a postular a un candidato alternativo a Espadas, el diputado jiennense Juanfran Serrano, entonces número dos de Cerdán. Fue una transición rápida y pensando en lo orgánico, no en la renovación del discurso y del proyecto del PSOE andaluz.

A los pocos meses se testó desde dentro y desde el PP que “no había efecto Montero”. Al contrario, la candidata estrella puntuaba por debajo de Espadas. Su campaña, en la que apenas ha pisado la calle, con pocos actos y mítines en espacios cerrados y oscuros, demuestra hasta qué punto el PSOE era consciente de la mala imagen que rodeaba a Montero, una dirigente que lleva 24 años gobernando y ahora afronta la difícil tarea de liderar la oposición a Moreno en el Parlamento andaluz, al menos hasta las elecciones generales.

En el seno del PSOE andaluz ha empezado el run run para dibujar la sucesión a María Jesús Montero, pero no ocurrirá hasta que Pedro Sánchez se mida en las legislativas y pasen las municipales de 2027. Los socialistas andaluces no se han aclimitado a su labor de oposición y han visto, impactados, cómo Moreno se adueñaba de todos los símbolos y discursos autonomistas que han identificado las siglas del PSOE durante los primeros 37 años de autonomía, consolidando un perfil “moderado y centrista”. 

Las primeras voces críticas, que ya venían lamentándose en. precampaña, creen que el partido no hizo un diagnóstico acertado en 2012, cuando el PSOE pierde por primera vez las elecciones en Andalucía frente al PP de Javier Arenas. Ese año salvó el gobierno pactando con Izquierda Unida, en las siguientes andaluzas de 2015 volvió a salvarse pactando con Ciudadanos, y en las de 2018, el PSOE miró a su izquierda y a su derecha, y ya no tenía con quién pactar.

La única victoria del PSOE hoy es ver cómo Moreno pierde la mayoría absoluta y puede sacrificar su perfil moderado para conseguir que Vox apoye su investidura. Los de Santiago Abascal se han estancado en Andalucía, donde irrumpieron hace siete años en las instituciones en España y donde lograron el mayor porcentaje de votos del país.

Su campaña, que ha sido un monotema con el lema antiinmigrante de la “prioridad nacional”, sólo le ha dado un diputado más. Han logrado sorpasar al PSOE en Almería, la provincia donde más arraigo tienen y la que cuenta con más población migrante, pero también han visto cómo Adelante Andalucía les quitaba voto joven “cabreado” y les desplazaba en Cádiz -de donde es su candidato, Manuel Gavira- y en Sevilla. Aun así, la gobernabilidad de Andalucía pasa por lo que decida la ultraderecha.

Moreno ya ha estado antes en esta encrucijada, en enero de 2019, cuando obtuvo los votos de los 12 primeros diputados de Vox para ser presidente y gobernó tres años seguidos gracias a que le apoyaron tres presupuestos autonómicos. Mucho del “lío” de aquella primera legislatura quedó opacado por la pandemia del coronavirus, que desvió la atención de las cesiones ideológicas que hizo el PP a Vox en materia de inmigración, igualdad de género, cooperación internacional, memoria histórica, etc…

El Parlamento de Andalucía se constituirá el próximo 11 de junio, será entonces cuando PP y Vox tengan que dar la primera señal de entendimiento para conformar los miembros de la Mesa, órgano rector de la Cámara, que medirá los tiempos y las prioridades políticas de una legislatura ya sin mayorías absolutas.

El bloque conservador acapara 68 de los 109 diputados, frente a los 41 que suman las tres formaciones progresistas. El Parlamento sigue siendo abrumadoramente de derechas, aunque por primera vez retrocede (venía de 71 escaños) gracias al tímido avance de las izquierdas, que ocupaba 37 escaños.

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